Taller

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Sin premeditarlo, me doy cuenta que he diseñado el taller en coherencia al proceso creativo que hago cuando creo un producto.

Empieza por la terraza, con mis plantas y el aire fresco, donde tomo contacto con la tierra, el aire, el sol o la lluvia, donde sacio desde casa mi necesidad de naturaleza y a la vez me inspiro en ella y la utilizo para crear. El taller sigue con un pequeño salón, con el sillón rojo donde leo, tejo, sueño despierta, me embobo mirando por la ventana, donde la inspiración pasa a idea y donde, a veces, desconectar es necesario para conectar. Luego sigue el escritorio, con el ordenador, mis libretas y mis listas, donde escribo, donde planifico y me organizo y, sobretodo, donde diseño el producto, le doy forma mental y creo la fórmula. Y así pasar a las estanterías con toda la materia prima, plantas secas, aceites vegetales, aceites esenciales, y todo el material de trabajo que utilizo en la mesa central. Aquí creo con las manos, disfruto del proceso y materializo la idea original. Al otro lado, la estantería con todos los tarros vacíos y todo el material de embalaje, donde ‘visto’ con mucho mimo y dejo bonito cada producto. Y por último la estantería donde secan todos los jabones y reposan todos los productos antes de llegar a vuestras casas.